Revisar el inventario, responder los mismos mensajes, armar el mismo reporte. Cuatro semanas, tres sesiones por semana, y sales sabiendo qué automatizar y por dónde empezar.
Las herramientas se hicieron famosas antes de que alguien explicara para qué sirven. Y la pregunta se queda trancada un paso más atrás.
Cuando te preguntan de frente qué le pasarías a una máquina, la respuesta honesta es que ahora mismo no se te ocurre nada. No porque no haya. Porque nadie te ha mostrado cómo se ve.
Todos los días toca mirar qué hay y qué no hay, para volver a pedir. Muy manualmente. Nunca entró a la lista de problemas porque se siente como si fuera el trabajo mismo.
Abriste la herramienta, viste unos videos y llegaste a la parte que nadie graba: la cuenta, la conexión, la cosa que se rompe y no dice por qué.
Cualquiera monta una página y promete un sistema. Ponerse a averiguar si el negocio existe de verdad antes de pagar es una reacción sensata.
Tres capas, en orden. Cada una funciona porque pasó la anterior.
Les escribes a las herramientas y te devuelven algo que sirve, porque aprendiste a pedir bien. Nada de prompts memorizados. Vas a entender por qué una instrucción funciona y la otra devuelve ruido.
Miras tu propia semana y distingues cuál tarea merece una máquina y cuál es mejor dejarla en manos de una persona. Esta es la capa que te sigue pagando cuando el programa termina, y es la que nadie vende.
La idea es que un proceso real tuyo quede corriendo, no escrito en un documento. Si cabe en cuatro semanas depende de qué tan complejo sea, y eso se define en la llamada de diagnóstico, antes de que pagues. Hay casos que necesitan más tiempo y lo decimos de una.
En vivo, uno a uno, por videollamada. Nada grabado, nada compartido con un grupo.
Miramos cómo es tu semana de verdad y por dónde se te van las horas. No cuesta nada y puedes irte después de eso.
Una tarea concreta tuya se vuelve el hilo de todo el programa. No un ejemplo genérico.
Tres por semana durante cuatro semanas, en vivo con un solo profesor, sobre tu pantalla y tus cuentas.
Los clics los haces tú. Armarlo, probarlo, arreglarlo, volverlo a probar. Esa es la parte que los videos se saltan.
Cuando algo se te rompe un martes por la noche le escribes directo a Andrés. No hay fila de tiquetes.
En la última sesión repasamos qué quedó corriendo, qué falta y qué puedes armar solo de aquí en adelante.
Para quién es
Esto no le sirve a todo el mundo. Si en la llamada de diagnóstico vemos que tu caso no necesita asesoría, o que lo que quieres es que alguien lo arme y te lo entregue, te lo decimos de frente en esa misma llamada y te mandamos al servicio que sí es. A nadie le vendemos cuatro semanas que no necesita.
Qué incluye
Precio de los primeros cupos. Cubre las doce horas en vivo, la línea de WhatsApp y la instalación hecha contigo. La llamada de diagnóstico va antes y no cuesta nada.
Andrés Jiménez tuvo un call center durante siete años. En 2025 la empresa se fue a la quiebra, le pagó a los empleados y la cerró, y por un tiempo no encontró qué hacer. En ese hueco aprendió todo esto desde cero, montándolo primero en su propia operación antes de vendérselo a alguien. Enseña desde Barranquilla: las sesiones son remotas para toda Colombia, y en la costa va en persona.
También existe la versión para equipos, donde la formación se hace adentro de la empresa y el proceso que se escoge lo tocan varias personas. El formato, la duración y el valor se definen caso por caso, porque un equipo de cuatro y uno de cuarenta no son el mismo programa. Escríbenos y te decimos si tiene sentido para el tuyo.
Lo que pregunta la gente antes de agendar la llamada de diagnóstico.
Dilo en la llamada de diagnóstico y miramos tu calendario antes de arrancar. El ritmo de tres por semana existe porque lo que aprendes el lunes todavía está fresco el miércoles. Se puede estirar, pero estirarlo demasiado es la forma más rápida de olvidar lo aprendido, y te decimos dónde queda ese límite en tu caso.
Sí. Con saber usar un celular y un navegador es suficiente. Las sesiones corren sobre tu pantalla y tus cuentas, y el profesor te ve hacerlo, así que no hay un paso donde te quedes atrás en silencio. Si escribes un mensaje de WhatsApp, puedes con esto.
Esa es la meta y hacia allá apuntan las cuatro semanas. Que alcance depende de qué tan complejo sea el proceso que escojas, y eso se evalúa en la llamada de diagnóstico antes de que pagues un peso. Si no cabe en cuatro semanas, lo sabes el día cero y no en la semana cuatro.
Te queda todo: las cuentas, lo que armaste y el mapa de lo que sigue. La idea es que no dependas de nosotros. Si más adelante quieres algo más grande hecho por nosotros, ese es otro servicio y decides libremente si lo contratas.
Porque el curso grabado nunca cubre el momento exacto en que se te rompe lo tuyo. Las grabaciones muestran el camino donde todo sale bien. El aprendizaje real pasa cuando falla la conexión, la cuenta pide algo raro o la respuesta sale mal, y hay alguien mirando tu pantalla justo ahí.
Remoto, en toda Colombia y fuera del país. Presencial, en Barranquilla y ciudades cercanas de la costa, según la semana. Pregúntalo en la llamada de diagnóstico y te decimos de frente qué se puede.
Cuéntanos cómo es tu semana y te señalamos las horas que puedes dejar de gastar. Si la asesoría no es lo que necesitas, te lo decimos en esa misma llamada.